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In.Tensión: la opera prima de nuestra profe Coni Belgareto

In.Tensión: la opera prima de nuestra profe Coni Belgareto

 

por Soli Aranda

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In.Tensión es, como su dueña, poco pretenciosa.
No busca transmitir un mensaje ni impactar al espectador.
Es más bien una exploración. Así fue asumido, como creo que está bueno que se asuma todo lo que decidimos hacer con la danza y estas cosas flasheras.
No ponernos melodramáticos ni buscar el impacto…Hay que jugar y el mensaje va a suceder, pero sin intención.

Que el gusto madure con nosotros

Que el gusto madure con nosotros

por Soli Aranda

Que el gusto madure con nosotros

Que el gusto madure con nosotros…

Volví de vacaciones, unas vacaciones donde realmente corté con mi cabeza elucubradora de ideas y solo tomé sol, leí muchísimo (una novela intensa de Guillermo Martínez, tres obras de teatro de Vargas Llosa, una novela de él y un ensayo. Sí, me enamoré del Mario, ya escribiré sobre mi nuevo filito). Caminé otro tanto. No tengo fotos de saltos playeros (bueh, dos nomás). Descansé. No me anduvo la computadora, creo que Fede hizo algo para que así fuera porque gracias a eso, aprendí a hacer pesto, tortilla española y tomé mucho vino. Hasta miré televisión.

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Frenesí: No digas quizás

Frenesí: No digas quizás

 

por Soli Aranda

Frenesí

El nombre “Frenesí” llegó hace dos años atrás, escuchando un bolero en el subte.

El subte estaba que rebalsaba de gente, yo toda apretujada entre una señora enorme y un vendedor de agujas que me quería vender algo que yo no sabía ni sé usar.
Me puse los auriculares y me imaginé en México, en una playa con una bikini a lunares, bailando ese bolero. Llegué a Congreso de Tucumán casi bronceada y con olor a coco.

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Mar abierto

Mar abierto

 

por Soli Arandamar abierto

 

Mar abierto

El otro día arriba de una pequeña lancha veloz que subía y bajaba sobre las olas, no inmensas pero sí importantes, en pleno mar Caribe (toda muerta de miedo pensando que en cualquier momento desaparecía de la faz de la tierra y sólo iban a reconocer mi cuerpo porque llevaba una remera que decía “Don de fluir danzas” ¡como si al Don lo conocieran por fuera de cuatro cuadras a la redonda!). Ahí, tan lejos y tan cerca, tuve un recuerdo de mi adolescencia.

Una adolescencia poco adolescente la mía: fui obediente, alumna abanderada, le preparaba la comida a mi hermanito, mis crisis eran porque me había sacado un nueve en una prueba y merecía un diez.

Sí, ya sé…Una estúpida. Pero, ¿qué le vamo´ a hacer? Hay cosas que no se eligen y con los años hay que aceptar.

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Pensa con todo tu cuerpo, baila con toda tu mente

¿Me prestas tus pilas?

¿Me prestas tus pilas?

por Soli Aranda

Me prestas tus pilas

Se nos fue el mes de marzo que es, para nosotros, el mes del encuentro (¡no tenemos ningún vínculo con Quilmes eh!). También del reencuentro con nuestras fieles aprendices. Pero hoy estoy pensando en ese momento particular donde una niña o mujer entra por primera vez a su clase de danza.

En cada caso, el encuentro entre la potencial danzarina y la clase, es diferente.

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Sobre los procesos y el calidoscopio

Ahora que…

Algo íntimo y raro

Algo íntimo y raro

Por Soli Aranda

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El otro día conocí la palabra “boniato”, es otro nombre para batata. Me encantan las batatas desde chica (con mayonesa). Pero ahora que vi que se podían llamar boniatos, dije “¡Guau! Somos re amigas”. Me acordé así que mi amor por las palabras data desde muy pequeña. Mi amor, mi sensibilidad, mi locura…qué se yo (acaso sea todo lo mismo).

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Inversiones

Inversiones

por Soli Aranda

Cuando salto, hago inversiones, piruetas (y demás) siento que mi cuerpo cobra una dimensión distinta, que viaja a algún lugar paralelo, que se desordena, pero que en realidad se ordena.
Que deja de ser mío pero es más mío que nunca, que pienso con mis pies, que camino con mi cabeza, que todo se sale de lugar y,  sin embargo, parece estar en el lugar perfecto.
Y cuando hago y pienso sobre esto,  me viene a la mente este fragmento de una película que yo devoraba a mis seis años.
Saltar, invertir, bailar, girar…Me conecta a esta escena que me sigue volviendo loca (o me deja más cuerda que nunca).

Sobre alojar y el día del niño

Sobre alojar y el día del niño

Por Soli Aranda

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Sobre alojar…

A mi los “días de…” no me resultan muy significativos.

Pero el día del niño me encanta. Me encanta porque veo lo mucho que a ellos les gusta tener su día, el entusiasmo, las jugueterías que se llenan, las demandas de quiero esto, quiero lo otro, la expectativa de qué cosa van a recibir, etc, etc.
El Don vive rodeado de niños y lo más lindo es que hace años que los ve crecer. Eso, es un regalo inmenso. Tenemos historia con muchos y casualmente el jueves pasó algo asociado a esto. Acá va…

Los jueves doy la clase de danza jazz niñas II, son doce peques entre siete y ocho años, que conozco desde hace muuuucho tiempo (a algunas desde los tres, otras desde los cuatro).
El jueves Katy llegó a clase y quise ayudarla a sacar su campera. Me dijo “Deja Soli, ya estoy grande”.

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¿Qué tiene el mundial que a todos nos gusta tanto?

¿Qué tiene el mundial que a todos nos gusta tanto?

 Por Soli Aranda

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Después del partido contra Holanda, quedé acelerada. Eran las doce de la noche y hablaba de cómo Mascherano tapó a ese Robben (yo le decía “El Rúben”) y le sacó la pelota. Decía: “Qué nervios pasé cuando Mascherano se golpeó y no se levantaba del piso, mira si perdíamos a esa bestia, ya estábamos jugando sin Di María, que se rompe el alma en la cancha. Otro más así, no podíamos perder”.
Lavezzi esta vez estuvo bien (pero no me parece lindo, no entiendo qué le ven). Más lindo es Romero, que ya me caía muy bien, ahora imagínate.
El arquero holandés parecía un elfo del señor de los anillos y tenía cara de nene malo.
Messi no apareció pero eso no le quita lo genio.

El miércoles hablaba y hablaba del partido y de su magia.

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Clases de danza… ¿o partido del mundial?

Asociación libre dominguera

Asociación libre dominguera

Por Soli Aranda
Hoy vamos a ver a nuestra profe de clásico y elongación matutina en “La consagración de la primavera” de Oscar Araiz. Si quieren venir, la entrada es libre y gratuita, la música increíble y la danza, imagino, va a la par. Yo ya vi lo bestial de la petit rubia, sólo tuve que presenciar ese pie y decir “¡A la mierda, qué suertudo el Don… Mira la profe que ligó!” :o)
Como tengo un ratito y este domingo me llama a las palabras pienso en todas las cosas buenas que vi este último tiempo en teatro:

¿Qué tendrán los niños que al Don le gustan tanto?

Are we humans or ar we dancers?

Sobre encontrar las sutilezas

Luz, cámara, acción… ¡cobró vida!

Luz, cámara, acción… ¡cobró vida!

Por Soli Arandaluz-camara-acción

 

Ayer me la pasé mirando el techo, con una sensación linda en el pecho, pensando en los trechos (los que se recorren, viven y atraviesan)

Me senté a escribir varias veces, pero las palabras quedaban por la mitad y mis ojos se cerraban de verdad. Así que acá estoy hoy, un poco más descansada y con la cabeza más acomodada.
(últimamente las palabras me riman, me parece voy a intentar escribir poesía jijijuju!)

El domingo “Luz, cámara, acción” cobró vida con 80 alumnos danzarines, pequeños grandes actores y unos invitados cantantes de honor.
No tengo nada más que agradecimiento por este año despampanante, de mucho, de desborde, de encuentros, de consolidación de nuevos grupos y reafirmación de los que venían.
Cada grupo dio lo máximo y se sintió. Tanto trabajo, tanto ensayo, tanta búsqueda de algo más…
Gracias a todos los que ayudaron detrás de escena, gracias por ese video sorpresa tan cariñoso, por las flores y los “soli, soli, soli!” que me dan mucha vergüenza jejeje.
Gracias por poner tanto, de eso se trata. En el Don somos poco calculadores, vamos a trabajar hasta que el cuerpo nos de y siempre con las ganas al dente.
No hay manera de llevar adelante esta tarea (y cualquiera que se quiera hacer bien) si no es con disciplina y amor.
Esos son los rieles por donde transitamos clase a clase y creo que vamos armando un buen camino, los danzarines (de todas las edades) aprenden, disfrutan, progresan y se despliegan. Ayer se subieron al escenario con fuerza, con convicción, como se debe hacer.
El Don está siendo habitado por gente trabajadora, con capacidad de hacer esfuerzos, receptivos y alegres.
Hoy está feliz de tener semejante equipazo y promete darse un descanso para bailar, leer, investigar nueva música, conectarse con cosas que le reactiven la creatividad así los espera con material nuevito y bello en el 2014 :o)

Ayer me reía porque me acordaba que se estaba terminando las función y las danzarinas, varias, venían a decirme “Soli, quiero seguir bailando”, “Ay! ¿Lo hacemos otra vez? “¿Qué vamos a hacer el año que viene?” Todo eso, mientras seguía la función.
Me sentí feliz de esa energía descabellada, de ese querer mucho y recordé esta idea de mi querido Ray Bradbury (es un escrito que no tiene desperdicio, pero no lo quiero trascribir todo):

“Hacer es ser. Haber hecho no basta. Abarrotarse de hacer: ése es el juego. Nombrarse a cada hora por lo actuado, medir el tiempo en la hora del crepúsculo y descubrirse en actos imposibles de conocer antes que ocurran (…) de modo que hacer es lo que alumbra; mata la duda por el simple salto, el arrebato, la carrera en pos del yo re-descubierto.
No hacer es morir, o haraganear entre las cosas que acaso se hagan algún día. ¡Fuera con eso! (…) Que el cuerpo guíe a la mente, y que la sangre sea lazarillo. Y tú entrenate y ensaya para encontrar el universo del centro de tu alma sabiendo que ver y estar en movimiento – ¡Hacer es ser! – da siempre resultado”

Hacer es ser…Mejor dicho imposible :o)

¡¡¡Felicitaciones a cada uno de los bailarines y actores, felicitaciones inmensas y desde el alma agradecida!!!

Horarios de todas las disciplinas [Marzo 2017]

Clases de Barra a Terre

Cursos de verano ¡2016!

Gracias por reservar las entradas para Frenesí

Gracias por reservar las entradas para Frenesí

¡Hola!

Nos llegó tu reserva de entradas, y en breve te vamos a enviar una propuesta de lugares según tu pedido.

Chequeá tu mail, porque tiene que haberte llegado una confirmación ahí. Si no llega en un rato puede ser que hayas escrito mal tu dirección de correo. En ese caso escribí a dondefluir.teatro@gmail.com.

Cualquier duda podés escribir a dondefluir.teatro@gmail.com

 

Clases de Femme Style

Clases de Jazz Contemporáneo

Clases de Jazz Fusión

Caleidoscopio, de Ray Bradbury [de El hombre ilustrado]

Caleidoscopio, de Ray Bradbury [de El hombre ilustrado]

El primer impacto rajó la nave como si fuera un gigantesco abrelatas. Los hombres fueron arrojados al espacio, retorciéndose como una docena de peces fulgurantes. Se diseminaron en un mar oscuro mientras la nave, convertida en un millón de fragmentos, proseguía su ruta semejando un enjambre de meteoritos en busca de un sol perdido.

-Barkley, Barkley, ¿dónde estás?

Voces aterrorizadas, niños perdidos en una noche fría.

-¡Woode, Woode!

-¡Capitán!

-Hollis, Hollis, aquí Stone.

-Stone, soy Hollis. ¿Dónde estás?

-¿Cómo voy a saberlo? Arriba, abajo… Estoy cayendo. ¡Dios mío, estoy cayendo!

Caían. Caían, en la madurez de sus vidas, como guijarros diminutos y plateados. Se diseminaban como piedras lanzadas por una catapulta monstruosa. Y ahora en vez de hombres eran sólo voces.

Voces de todos los tipos, incorpóreas y desapasionadas, con distintos tonos de terror y resignación.

-Nos alejamos unos de otros.

Era cierto. Hollis, rodando sobre sí mismo, sabía que lo era y, de alguna forma, lo aceptó. Se alejaban para recorrer distintos caminos y nada podría reunirles de nuevo. Vestían sus trajes espaciales, herméticamente cerrados, sus pálidos rostros ocultos tras las placas faciales. No habían tenido tiempo de acoplarse las unidades energéticas. Con ellas, habrían sido pequeños botes salvavidas flotando en el espacio. Se habrían salvado, habrían salvado a otros, habrían encontrado a todos hasta unirse para formar una isla de hombres y pensar en alguna salida. Pero ahora, sin las unidades energéticas acopladas a sus hombros, eran meteoritos alocados encaminándose hacia destinos diversos e inevitables.

Pasaron diez minutos. El terror inicial se apagó, dando paso a una calma metálica. Sus voces extrañas empezaron a entrelazarse en el espacio, un telar inmenso y oscuro, cruzándose y volviéndose a cruzar hasta formar el tejido final.

-Stone a Hollis. ¿Cuánto tiempo podremos hablar por radio?

-Depende de tu velocidad y la mía.

-Una hora, supongo.

-Algo así -dijo Hollis, pensativo y tranquilo.

-¿Qué sucedió? -preguntó Hollis al cabo de un minuto.

-El cohete estalló, eso es todo. Los cohetes estallan, ¿sabes?

-¿Hacia dónde caes?

-Creo que me estrellaré en el Sol.

-Yo en la Tierra. De vuelta a la madre Tierra a quince mil kilómetros por hora, arderé como una cerilla.

Hollis pensó en ello con una sorprendente serenidad. Le parecía estar separado de su cuerpo, viéndolo caer y caer en el espacio, con la misma tranquilidad con la que había visto caer los primeros copos de nieve de un invierno muy lejano.

Los otros guardaban silencio. Pensaban en el destino que les había llevado a esto, a caer y caer sin poder hacer nada para evitarlo. Hasta el capitán callaba, porque no había orden o plan que pudiera arreglarlo todo.

-¡Oh, esto es interminable! ¡Interminable, interminable! -exclamó una voz. ¡No quiero morir, no quiero morir! ¡Esto es interminable!

-¿Quién habla?

-No lo sé.

-Creo que es Stimson. Stimson, ¿eres tú?

-Esto es interminable y no me gusta. ¡Dios mío, no me gusta nada!

-Stimson, aquí Hollis. Stimson, ¿me oyes?

Una pausa. Seguían separándose unos de otros.

-¿Stimson?

-Sí -replicó por fin.

-Stimson, tranquilízate. Todos tenemos el mismo problema.

-No quiero estar aquí. Me gustaría estar en cualquier otro sitio.

-Hay una posibilidad de que nos encuentren.

-Si, sí, seguro -dijo Stimson-. No creo en esto, no creo que esté sucediendo realmente.

-Es una pesadilla -dijo alguien.

-¡Cállate! -ordenó Hollis.

-Ven y hazme callar -contestó la voz. Era Applegate. Se reía con toda tranquilidad, sin histeria-. Ven y hazme callar.

Por primera vez, Hollis sintió su impotencia. La cólera se adueñó de él porque en aquel momento deseaba, más que ninguna otra cosa, herir a Applegate. Había esperado muchos años para poder hacerlo…, y ahora era demasiado tarde. Applegate era únicamente una voz radiofónica.

¡Y seguían cayendo y cayendo!

Dos de los hombres se pusieron a gritar, de repente, como si acabaran de descubrir el horror de su situación. Hollis vio a uno de ellos, en una pesadilla, flotando muy cerca de él, chillando y chillando.

-¡Basta!

El hombre estaba casi al alcance de su mano. Gritaba enloquecido. Nunca se callaría. Seguiría chillando durante un millón de kilómetros, mientras se encontrara en el campo de acción de la radio. Fastidiaría a todos los demás e impediría que hablaran entre sí.

Hollis alargó la mano. Era mejor así. Hizo un último esfuerzo y tocó al hombre. Se agarró a su tobillo y fue desplazando la mano hasta llegar a la cabeza. El hombre chilló y se retorció como si estuviera ahogándose. Sus gritos llenaron el universo.

“Da lo mismo -pensó Hollis-. El Sol, la Tierra o los meteoros lo matarán igualmente. ¿Por qué no ahora?”

Hollis aplastó la placa facial del hombre con su puño metálico. Los gritos cesaron. Se apartó del cadáver y lo dejó alejarse siguiendo su propio curso, cayendo y cayendo.

Hollis y los demás seguían cayendo sin cesar en el espacio, en el interminable remolino de un terror silencioso.

-Hollis, ¿sigues ahí?

Hollis no contestó. Una oleada de calor inundó su rostro.

-Aquí Applegate otra vez.

-¿Qué hay, Applegate?

-Hablemos. No podemos hacer otra cosa.

El capitán intervino.

-Ya es suficiente. Tenemos que encontrar una solución.

-Capitán, ¿por qué no se calla?

-¿Qué?

-Ya me ha oído, capitán. No pretenda imponerme su rango, porque nos separan quince mil kilómetros y no tenemos que engañarnos. Tal como dijo Stimson, la caída es interminable.

-¡Compórtese, Applegate!

-No quiero. Esto es un motín de uno solo. No tengo una maldita cosa que perder. Su nave era mala, usted un mal capitán, y espero que se ase cuando llegue al Sol.

-¡Le ordeno que se calle!

-Adelante, vuelva a ordenarlo. -Applegate sonrió a quince mil kilómetros de distancia. El capitán no dijo nada más-. ¿Dónde estábamos, Hollis? Ah, sí, ya recuerdo. También te odio a ti. Pero tú ya lo sabes. Hace mucho tiempo que lo sabes.

Hollis, desesperado, cerró los puños.

-Quiero confesarte algo -prosiguió Applegate-. Algo que te hará feliz. Fui uno de los que votaron contra ti en la Rocket Company, hace cinco años.

Un meteorito surcó el espacio. Hollis miró hacia abajo y vio que no tenía mano izquierda. La sangre brotaba a chorros. De repente, advirtió la falta de aire en su traje. El oxígeno que conservaba en los pulmones le permitió, sin embargo, hacer un nudo a la altura de su codo izquierdo, apretando la juntura y cerrando el escape. La rapidez del suceso no le dio tiempo a sorprenderse. Ninguna cosa podía sorprenderle en aquel momento. Ya cerrado el boquete, el aire volvió a llenar el traje en un instante. Y la sangre, que había brotado con tanta facilidad, quedó comprimida cuando Hollis apretó aún más el nudo, hasta convertirlo en un torniquete.

Todo esto había sucedido en medio de un terrible silencio por parte de Hollis. Los otros hombres conversaban. Uno de ellos, Lespere, hablaba sin cesar de su mujer de Marte, de su mujer venusiana, de su mujer de Júpiter, de su dinero, sus buenos tiempos, sus borracheras, su afición al juego, su felicidad… Hablaba y hablaba, mientras todos caían. Lespere, feliz, recordaba el pasado mientras se precipitaba a la muerte.

¡Todo era tan raro! Espacio, miles de kilómetros de espacio, y voces vibrando en su centro. Ningún hombre al alcance de la vista, sólo las ondas de radio se agitaban tratando de emocionar a otros hombres.

-¿Estás enfadado, Hollis?

-No.

Y no lo estaba. Había recuperado la serenidad. Era una masa insensible, cayendo para siempre hacia ninguna parte.

-Durante toda tu vida quisiste llegar a la cumbre, Hollis. Y yo lo impedí. Siempre quisiste saber lo que había ocurrido. Bien, voté contra ti antes de que me despidieran a mí también.

-No tiene importancia.

Y no la tenía. Todo había terminado. Cuando la vida llega a su fin es como un intenso resplandor. Un instante en el que todos los prejuicios y pasiones se condensan e iluminan en el espacio, antes de que se pueda decir una sola palabra. Hubo un día feliz y otro desdichado, hubo un rostro perverso y otro bondadoso… El resplandor se apaga y se hace la oscuridad.

Hollis pensó en su pasado. Al borde de la muerte, una sola cosa le atormentaba y por ella, únicamente por ella, deseaba seguir viviendo. ¿Sentirían lo mismo sus compañeros de agonía? ¿Tendrían aquella sensación de no haber vivido nunca? ¿Pensarían, como él, que la vida surge y muere antes de poder respirar una vez? ¿Les parecería a todos tan abrupta e imposible, o sólo a él, aquí, ahora, con escasas horas para meditar?

Uno de los otros hombros estaba hablando.

-Bueno, yo viví bien. Tuve una esposa en Marte, otra en Venus y otra en Júpiter. Todas tenían dinero y se portaron muy bien conmigo. Fue maravilloso. Me emborrachaba, y hasta una vez gané veinte mil dólares en el juego.

“Pero ahora estás aquí -pensó Hollis-. Yo no tuve nada de eso. Tenía celos de ti, Lespere. En pleno trabajo envidiaba tus mujeres y tus juergas. Las mujeres me asustaban y huía al espacio, siempre deseándolas, siempre celoso de ti por tenerlas, por tu dinero, por toda la felicidad que podías conseguir con aquella vida alocada. Pero ahora se acabó todo, caemos. Ya no tengo celos de ti. Es mi final y el tuyo y todo parece no haber sucedido nunca.”

Hollis levantó el rostro y gritó por la radio:

-¡Todo ha terminado, Lespere!

Silencio.

-¡Como si nunca hubiese ocurrido, Lespere!

-¿Quién habla? -preguntó Lespere temblorosamente.

-Soy Hollis.

Se sintió miserable. Era la mezquindad, la absurda mezquindad de la muerte. Applegate le había herido y él, Hollis, quería herir a otro. Applegate y el espacio le habían herido.

-Ahora estás aquí, Lespere. Todo ha terminado, como si nunca hubiera sucedido, ¿no es cierto?

-No.

-Cuando llega el final, todo parece no haber ocurrido nunca. ¿Es mejor tu vida que la mía, ahora? Antes, sí, ¿y ahora? El presente es lo que cuenta. ¿Es mejor? ¿Lo es?

-¡Sí, es mejor!

-¿Por qué?

-Porque conservo mis pensamientos, ¡porque recuerdo! -gritó Lespere, muy lejos, indignado, apretando los recuerdos a su pecho con ambas manos.

Y estaba en lo cierto. Hollis lo comprendió mientras una sensación fría como el hielo fluía por todo su cuerpo. Existían diferencias entre los recuerdos y los sueños. A él sólo le quedaban los sueños de las cosas que había deseado hacer, pero Lespere recordaba cosas hechas, consumadas. Este pensamiento empezó a desgarrar a Hollis con una precisión lenta, temblorosa.

-¿Y para qué te sirve eso? -gritó a Lespere-. ¿De qué te sirve ahora? Lo que llega a su fin ya no sirve para nada. No estás mejor que yo.

-Estoy tranquilo -contestó Lespere-. Tuve mi oportunidad. Y ahora no me vuelvo perverso, como tú.

-¿Perverso?

Hollis meditó. Nunca, en toda su vida, había sido perverso. Nunca se había atrevido a serlo. Durante muchos años debió de haber estado guardando su perversidad para una ocasión como la actual. “Perverso”. La palabra martilleó en su mente. Se le saltaron las lágrimas y resbalaron por su cara.

-Cálmate, Hollis.

Alguien había escuchado su voz sofocada.

Era completamente ridículo. Tan sólo un momento antes, había estado aconsejando a otros, a Stimson… Había sentido coraje y creído que era auténtico. Pero, ahora lo comprendía, no se trataba más que de conmoción, y de la “serenidad”, que puede acompañarla. Y ahora trataba de condensar toda una vida de emociones reprimidas en un intervalo de minutos.

-Sé lo que sientes, Hollis -dijo Lespere, ya a treinta mil kilómetros de distancia, con una voz cada vez más apagada-. No me has ofendido.

“Pero, ¿no somos iguales? -se preguntó un aturdido Hollis-. ¿Lespere y yo? ¿Aquí, ahora? Si algo ha terminado, ya está hecho. ¿Qué tiene de bueno, entonces? Los dos moriremos, de una forma o de otra.”

Pero Hollis sabía que todo aquello era puro raciocinio. Era como intentar explicar la diferencia entre un hombre vivo y un cadáver: uno poseía una chispa, un aura, un elemento misterioso, y el otro no.

Y lo mismo ocurría con Lespere y él. Lespere había vivido enteramente, y ello le convertía ahora en un hombre diferente. Y él, Hollis, había estado muerto durante muchos años. Se acercaban a la muerte siguiendo distintos caminos y, con toda probabilidad, si existieran varios tipos de muertes, el de Lespere y el suyo serían tan diferentes como la noche y el día. La cualidad de la muerte, como la de la vida, debe ser de una variedad infinita. Y si uno ya ha muerto una vez, ¿por qué preocuparse de morir para siempre, tal como estaba muriendo él ahora?

Un momento después descubrió que su pie derecho había desaparecido. Estuvo a punto de reír. El aire por segunda vez había escapado de su traje. Se inclinó rápidamente y vio salir la sangre. El meteorito había cortado la carne y el traje hasta el tobillo. Oh, la muerte en el espacio era humorística: te despedaza poco a poco, cual tétrico e invisible carnicero. Hollis apretó la válvula de la rodilla. Sentía dolor y mareo. Luchó por no perder la conciencia, apretó más la válvula y contuvo la sangre, conservando el aire que le quedaba. Se enderezó y prosiguió su caída. No podía hacer más.

-¿Hollis?

Hollis respondió cansinamente, harto de aguardar la muerte.

-Aquí Applegate de nuevo -dijo la voz.

-Sí.

-He estado pensando, y escuchándote. Esto no va bien. Nos convierte en perversos. Es una forma de morir muy mala, nos saca toda la maldad que llevamos dentro. Hollis, ¿me escuchas?

-Sí

-Te mentí. Hace un momento. Te mentí. No voté contra ti. No sé por qué lo dije. Creo que deseaba hacerte daño. Parecías el más indicado. Siempre nos hemos peleado, Hollis. Creo que me estoy haciendo viejo de repente, arrepintiéndome. Cuando oí que tú eras un perverso me avergoncé. Es igual, quiero que sepas que yo también fui un idiota. No hay ni pizca de verdad en todo lo que dije. Y vete al infierno.

Hollis sintió que su corazón volvía a latir. Había estado parado durante cinco minutos. Ahora, todos sus miembros recuperaron el calor. La conmoción había terminado, y los sucesivos ataques de cólera, terror y soledad iban disipándose. Era un hombre recién salido de una ducha fría matutina, listo para desayunar y enfrentarse a un nuevo día.

-Gracias, Applegate.

-No hay de qué. Y anímate, bobo.

-¿Dónde está Stimson? ¿Cómo se encuentra?

-¿Stimson?

Todos escuchaban atentamente:

-Debe de haber muerto.

-No lo creo. ¡Stimson!

Volvieron a escuchar.

Y oyeron una respiración dificultosa, lejana, lenta…

-Es él. Escuchad.

-¡Stimson!

Nadie respondió.

Sólo podían oír una respiración lenta y bronca.

-No contestará.

-Ha perdido el conocimiento. Dios lo ayude.

-Es él, escuchen.

Una respiración apenas audible, el silencio.

-Está encerrado como una almeja. Encerrado en sí mismo, haciendo una perla. Considérenlo así, todo tiene su poesía. Él es más feliz que nosotros.

Stimson flotaba en la lejanía. Todas lo escucharon.

-¡Eh! -dijo Stone.

-¿Qué?

Hollis había contestado con toda su fuerza. Stone, más que ningún otro, era un buen amigo.

-Estoy entre un enjambre de meteoritos, pequeños asteroides.

-¿Meteoritos?

-Creo que es el grupo de Mirmidón, que se desplaza entre Marte y la Tierra y tarda cien años en recorrer su órbita. Me encuentro justo en el medio. Es como un calidoscopio gigante. Hay colores, formas y tamaños de todos los tipos. ¡Dios mío, qué hermoso es todo esto!

Silencio.

-Me voy con ellos -prosiguió Stone-. Me llevan con ellos. Estoy condenado. -Y se rió de buena gana.

Hollis trató de ver algo, pero sin conseguirlo. Allí sólo había las grandes joyas del espacio, los diamantes, los zafiros, las nieblas de esmeraldas y las tintas de terciopelo del espacio, y la voz de Dios confundiéndose entre los resplandores cristalinos. Era algo increíble y maravilloso pensar en Stone acompañando al enjambre de meteoritos. Iría más allá de Marte y volvería a la Tierra cada cinco años. Entraría y saldría de las órbitas de los planetas durante las siguientes miles y miles de años. Stone y el enjambre de Mirmidón, eternos e infinitos, girarían y se modelarían como los colores del calidoscopio de un niño cuando éste levanta el tubo hacia el sol y lo va girando.

-Adiós, Hollis. -La voz de Stone, ya muy debilitada-. Adiós.

-Buena suerte -gritó Hollis, a cincuenta mil kilómetros de distancia.

-No te hagas el gracioso -dijo Stone.

Silencio. Las estrellas se unían más y más entre ellas.

Todas las voces iban apagándose. Todas y cada una seguían su propia ruta; unas hacia el Sol, otras hacia el espacio remoto. Como el mismo Hollis. Miró hacia abajo. Él, y sólo él, volvía solitario a la Tierra.

-Adiós.

-Tómatelo con calma.

-Adiós, Hollis -dijo Applegate.

Adioses innumerables, despedidas breves. El gran cerebro, extraviado, se desintegraba. Los componentes de aquel cerebro, que habían trabajado con eficiencia y perfección dentro de la caja craneal de la nave espacial, cuando ésta aún surcaba el espacio, morían uno a uno. Todo el significado de sus vidas saltaba hecho añicos. Igual que el cuerpo muere cuando el cerebro deja de funcionar, el espíritu de la nave, todo el tiempo que habían pasado juntos, lo que los unos significaban para los otros, todo eso moría. Applegate ya no era más que un dedo arrancado del cuerpo paterno, ya nunca más sería motivo de desprecio o intrigas. El cerebro había estallado y sus fragmentos inútiles, faltos de misión que cumplir, se desperdigaban. Las voces desaparecieron y el espacio quedó en silencio. Hollis estaba solo, cayendo.

Todos estaban solos. Sus voces se habían desvanecido como los ecos de palabras divinas vibrando en el cielo estrellado. El capitán marchaba hacia el Sol. Stone se alejaba entre la nube de meteoritos, y Stimson, encerrado en sí mismo. Applegate iba hacia Plutón. Smith, Turner, Underwood… Los restos del calidoscopio, las piezas de lo que otrora fue algo coherente, se esparcían por el espacio.

“¿Y yo? -pensó Hollis-. ¿Qué puedo hacer?. ¿Puedo hacer algo para compensar una vida terrible y vacía? Si pudiera hacer algo para reparar la mezquindad de todos estos años, el absurdo del que ni siquiera me daba cuenta… Pero no hay nadie aquí. Estoy solo. ¿Cómo hacer algo que valga la pena cuando se está solo? Es imposible. Mañana por la noche me estrellaré contra la atmósfera de la Tierra. Arderé, y mis cenizas se esparcirán por todos los continentes. Seré útil. Sólo un poco, pero las cenizas son cenizas y se mezclarán con la tierra.”

Caía rápidamente, como una bala, como un guijarro, como una pesa metálica. Sereno, ni triste ni feliz… Lo único que deseaba, cuando todos los demás se habían ido, era hacer algo válido, algo que sólo él sabría.

“Cuando entre en la atmósfera, arderé como un meteoro.”

-Me pregunto si alguien me verá -dijo en voz alta.

Desde un camino, un niño alzó la vista hacia el cielo.

-¡Mira, mamá! ¡Mira! -gritó-. ¡Una estrella fugaz!

La estrella blanca, resplandeciente, caía en el polvoriento cielo de Illinois.

-Pide un deseo -dijo la madre del niño-. Pide un deseo.

Indumentaria para las clases de Danza

Indumentaria para las clases de Danza

indumentaria-para-clases-de-danza

Indumentaria-para-clases-de-danza

 

Vestimenta o indumentaria para las clases de Danzas de adultos

Aunque hay indumentaria de danza hermosísima para danza (ejemplo), no pedimos ninguna en particular para venir a las clases. Menos aún para  probar por primera vez alguna clase.

Para quienes aún no han venido a tomar clases y van a hacer una clase de prueba se recomienda venir con ropa cómoda, y con la que se puedan mover fluidamente sin restringir los movimientos. Unas calzas y musculosa en general están bien independientemente de la disciplina.

Sí se pide que sea ropa cómoda, ajustada al cuerpo así la profe puede ver bien el trabajo que realiza el alumno.
Para los pies con un par de medias que se puedan ensuciar está bien. Después si te gusta danza clásica podés comprarte las zapatillas de media punta.

Vestimenta para las clases de Ballet niñas o iniciación a la Danza

Lo mismo vale para las clases de prueba en el caso de niñas. Se recomienda que vengan con ropita cómoda, unas calzas, musculosa y medias que sepa va a ensuciar.

Luego si se engancha, tendrá que tener mallita, medias y zapas de danza adecuadas.

Clases de Danza en Verano 2015

Clases de Danza en Verano 2015

Febrero 2015

Sala 1

Danza Jazz Adultos, Nivel Intermedio (CUPO LIMITADO)

Lunes y miércoles 18.30 a 20 hs | INSCRIBIRSE

Danza Jazz Adultos, Nivel Principiante (¡NUEVITOS! ¡CUPO ABIERTO!)

Martes y jueves 19 a 20.30 hs | INSCRIBIRSE

Danza Jazz, adultos con conocimientos (CUPO LIMITADO)

Lunes y miércoles 20 a 21.30 hs | INSCRIBIRSE

Danza Jazz, adultos con conocimientos (CUPO LIMITADO)

Martes y jueves 20.30 a  22 hs | INSCRIBIRSE

 

Sala 2

Elongación y preparación física

Lunes y Jueves de 10 a 11.30 hs  | INSCRIBIRSE

Danza Clásica (nivel intermedio)

Lunes y miércoles 20 a 21.30 hs | INSCRIBIRSE

Danza Clásica (nivel principiante)

Lunes y miércoles 18.30 a 20 hs  | INSCRIBIRSE

Lunes y Jueves 11.30 a 13 hs  | INSCRIBIRSE

Danza Contemporánea

Jueves 17.30 hs y sábados 11 hs | INSCRIBIRSE

Street Jazz

Martes y jueves 18.30 a 20 hs  | INSCRIBIRSE

Jazz Contemporáneo

Martes y jueves 20 a 21.30 hs  | INSCRIBIRSE

Seminario de Jazz Contemporáneo por Sandro Mattos

Seminario de Jazz Contemporáneo por Sandro Mattos

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Viernes 5, 19 , 26 de Septiembre y 3 de Octubre de 19 a 20.30 hs | INSCRIBIRSE

¡¡Sandro Mattos en el Don!!!

Durante los viernes de septiembre Sandro Mattos estará dictando un seminario de Jazz Contemporáneo.

El seminario está dirigido a estudiantes jóvenes y adultos que tengan unos añitos de recorrido en la danza, que tengan instaladas algunas coordenadas básicas para que desde ahí Sandro pueda ofrecerles su técnica y estilo.

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